Somos una sóla cosa

 

Somos una sola cosa que se divide en tres partes, cuerpo, mente y espíritu.

El perfecto equilibrio está en la armonización de estas tres partes.

El cuerpo es la materia visible para la mayoría de los sentidos, es el soporte o vehículo para vivir la experiencia de la vida en la materia (los cuatro elementos).

Mantener el cuerpo en buen estado haciendo ejercicio, cuidando la alimentación siendo consciente de lo que se come, haciendo un día de ayuno regularmente para que el cuerpo descanse y pueda regenerarse, bañarse todos los días, hacer prácticas de respiración consciente.

Adquirir estos hábitos te proporciona un cuerpo físico sano, con una vibración alta de energía, sintiéndote vital.


El cuerpo es el vehículo del alma y es lo más preciado que tenemos. ¿Por qué no cuidarlo, amarlo, mimarlo?

Hasta hace tres años, sufría de dolores por mi cuerpo, en alguna época del año me dolían las rodillas, en otra la espalda, tenía dolor de cabeza con asiduidad y padecía del lumbago una o dos veces al año.

Tome conciencia de cuidar mi cuerpo gracias a la formación en Rebirthing (Técnica de renacimiento creada por Leonard Orr) donde empecé a cambiar mi alimentación, bañarme 2 veces al día, hacer un día de ayuno a la semana, hacer ejercicio y otros hábitos con los que mi energía empezó a aumentar y el dolor de mi cuerpo desapareció.

Hace más de 2 años que no tengo dolores físicos y cada día que pasa soy más consciente de mi cuerpo para darle lo que es bueno para él.

La mente es el procesador, la planificación en su forma armónica. Con ella se puede alcanzar todo lo bueno y todo lo malo. La identificación de la mente con pensamientos y creencias que se crean a lo largo de la vida, por las experiencias vividas desde la concepción del niño hasta la edad adulta, no es más que una película que se va repitiendo en la vida de las personas, hasta que logran cambiar el sistema de creencias y pensamientos que les llevan a la repetición.

Esto va unido a las emociones; la energía que generan suelen arrastrar a las personas a hacer cosas, incluso no deseando hacerlo. Las emociones son consecuencia de una experiencia vivida, un evento en el que ocurre algo. Primero es el evento, seguido de una emoción que se produce a consecuencia de lo vivido en el evento y, en tercer lugar, grabamos una creencia sobre lo sucedido, y todo junto hace un sistema de creencias junto con las emociones que influyen en las decisiones del individuo.

Cuando yo tenía 6 años un niño mayor que yo, me hizo arrodillarme delante de una niña para pedirle perdón, por haber tropezado con ella, cuando estaba jugando en el patio del colegio con otros niños. Yo hice lo que me dijo el niño de 9 años y le pedí perdón de rodillas; podía haber reaccionado de otro modo pero no fue así. Este evento generó en mí un sistema de creencias y por lo tanto una forma de actuar respecto a las mujeres con pretendientes. Hasta que me di cuenta de este sistema de creencias, mi patrón de comportamiento era alejarme de la mujer que me gustaba por miedo a la humillación, que fue la emoción que grave cuando tenía 6 años. No tenía ni idea por qué me pasaba esto, y sufría cuando renunciaba a la mujer que me gustaba. Todo cambio cuando lo descubrí y así pude desmontar el viejo sistema de creencias.

Limpiar la mente de los sistemas de creencias que nos impiden desarrollarnos en plenitud es un camino que puede durar muchos años. Si no se comienza a hacer un trabajo de desarrollo personal, es muy difícil que se produzcan cambios conscientes, quedando a merced de las decisiones que tome el inconsciente, repitiendo una y otra vez los mismos resultados aunque, se expresen de diferentes formas a lo largo del tiempo.

La mente colectiva es muy influyente en la mente del individuo; los medios de comunicación, el marketing de las empresas y las políticas están dirigidas al consumo y al desarrollo económico, olvidándose de las necesidades básicas del ser humano.
Cuanto más limpio tengas tu sistema de creencias, es decir la mente, más consciente serás cuando tomes decisiones. Esas decisiones pueden transformar la mente colectiva. Escoger bien lo que se decide ver o leer porque te está nutriendo, y hoy vivimos en un entorno con mucha información.

El espíritu es lo que nos hace inmortales y eternos en la forma de la energía, es la fuente de la vida y lo que da sentido a la vida. Es la sabiduría, la misión y el propósito por el que encarnamos. En el espíritu esta toda la experiencia y toda la verdad, el amor y el gozo. Es tan grande la identificación que tenemos con la mente y el cuerpo que la mayoría de las personas están desconectadas de él.

Nutrir el espíritu es nutrir la esencia que hay en cada uno de nosotros. Al nacer esta esencia se puede ver muy bien; en cualquier bebé se puede apreciar la pureza y las cualidades que lo hacen distinto a otro bebé. Cada uno es un reflejo de la divinidad.

Desarrollar las cualidades y talentos innatos que cada uno trae, es la perfecta conexión con tu espíritu. Cuando estás haciendo algo que realmente te gusta, el tiempo pasa muy deprisa y la satisfacción es inmensa. Es aquí donde se consiguen los momentos de felicidad, cuando estamos conectados e inmersos en lo que nos gusta hacer.

La felicidad no es un estado, el estado es impermanente.
La felicidad es un camino construido por la impermanencia.


Puedes encontrar la sincronía con tu espíritu en la naturaleza, teniendo momentos de quietud, meditando, respirando conscientemente (Rebirthing) contemplando el fuego, dándote baños en agua caliente. En todo espacio que te permita parar la mente y estar en el presente, en el aquí y el ahora.

Estas prácticas te van conectando a estados trascendentales donde están las respuestas del alma, cada uno tiene dentro lo que necesita saber. Cuanto más se va hacia dentro, más respuestas tenemos.

Vedad, simplicidad y amor es el camino hacia la vida en plenitud.

Escucha el cuerpo. El cuerpo habla a través de las sensaciones, dolores físicos, el reflejo de las emociones. Aprende a estar en contacto con él, a cuidarlo y amarlo. Tiene su propia inteligencia; muchas personas tardan en destruirlo más de 50 años con sus hábitos de vida destructivos, tabaco, alcohol, la alimentación y otros.

Observa los pensamientos. Antes de decidir piensa, ¿por qué decido hacer esto? ¿Es bueno para mí, para mi entorno? ¿Qué va aportar a mi vida?

Dedica un tiempo al día para estar en contacto con tu espíritu. Medita, aprende a respirar conscientemente, pasa tiempo en la naturaleza, date un baño.

Esta es mi invitación para que experimentes, seas tu propio científico y logres armonizar tu cuerpo, mente y espíritu.

La teoría solo sirve cuando la pones en práctica.



Escrito por Armando Sánchez 
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